REFLEXIÓN
ALIMENTACIÓN Y ACTIVIDAD FÍSICA
A lo largo del último bloque hemos abarcado temas tan conectados como los comedores escolares, la relación que hay entre ingesta y gasto calórico, y distintos problemas y enfermedades derivados de una alimentación incorrecta. Voy por partes.
1. Los comedores escolares. Si bien la educación en torno a la alimentación debe recaer sobre las familias, no se puede obviar la increíble función de este servicio. La labor de éstos resulta fundamental para muchas familias, tanto por una cuestión de conciliación familiar como por escasez de recursos. Para muchos alumnos esta será la comida más importante del día, con mayor variedad de alimentos y nutrientes, y donde puedan adquirir unos hábitos alimenticios. Por esta razón es tan importante que las administraciones controlen su funcionamiento y la la calidad del mismo, ya que tanto el espacio del comedor como el tiempo dedicado en él constituyen una fuente muy rica de aprendizajes:
- Coger y utilizar los cubiertos.
- Mantener el espacio limpio y ayudar a recoger.
- Ser respetuoso con las personas que nos sirven.
- Mantener un volumen de conversación adecuado.
- Disfrutar de la comida.
- Conocer distintos alimentos y distintas formas de preparación.
- Diferenciar los distintos grupos de alimentos.
- Reconocer el hambre y la saciedad.
- Valorar el hecho de poder comer y la importancia de no desperdiciar la comida.
¿Pero realmente los menús escolares son equilibrados? En mi opinión y según mi experiencia pueden ser mejorados aunque puede haber mucha diferencia de unos colegios a otros. Muchas veces depende de si se contrata a una empresa externa o de la formación que tengan los propios cocineros del colegio. Para compensar estos desequilibrios me ha parecido de gran utilidad y muy completa la guía Perseo de menús escolares, que además incluye distintas recomendaciones sobre técnicas culinarias y forma de servir los platos. ¡Todos sabemos que comemos antes con la vista y el olfato que por la boca!
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| Foto: nortesalud.com |
2. Actividad física. Junto a la cantidad y calidad de nuestra alimentación, otros hábitos fundamentales que condicionan la salud de las personas son el tiempo de ocio, de actividad física y de descanso.
La tarea realizada acerca del gasto calórico diario resulta muy útil para ver la relación entre lo que comemos y lo que gastamos con nuestra actividad diaria. Para los alumnos/as también es una forma muy visual de analizar tanto su forma de alimentarse (¿Es suficientemente variada? ¿Abuso de los alimentos ultraprocesados?...), como de comprobar en que gastan su tiempo (clases, juegos, deberes, televisión y videojuegos, lectura, deportes, descansar...) y qué pueden modificar para que haya un equilibrio.
En la infancia y la adolescencia se adquieren todos los hábitos que mantenemos después de adultos. Inculcar un estilo de vida activo en los pequeños es uno de los mayores regalos que les podemos hacer. Realizar alguna actividad física o deporte les aporta innumerables beneficios como diversión, un cuerpo fuerte y flexible, una postura sana y equilibrada capaz de realidad movimientos coordinados y de calidad, tiempo al aire libre o en la naturaleza, tiempo con la familia o los amigos, formar parte de un equipo, disciplina y responsabilidad, mejora de la concentración y favorece la cultura del esfuerzo y el compañerismo. Todo ello a su vez mejora su autoconcepto y autoestima favoreciendo también su integración, socialización y calidad de vida en todos los sentidos.
Por esto creo que la Educación Física debería tener mayor peso en los currículos, dejar de ser tratada como una "maría". Si queremos una sociedad activa y saludable, habrá que dar la oportunidad a los pequeños de moverse, trepar, saltar, compartir juegos o bailar. ¿Y cómo nos aseguramos de que todos los niños lo hacen cada día si no es a través de las clases de EF? ¿Por qué limitamos esta área a solo 2h semanales si luego se recomienda hacer ejercicio todos los días?
Por último, pero igual de importante, están el tiempo de ocio y de descanso. A menudo vemos alumnos que se duermen en clase o con problemas de concentración. Desde casa se les debe poner límites y horarios, y como docentes a veces tendremos que recordar a los padres que un niño debe dormir 9-10 horas diarias para que su rendimiento, tanto en el colegio como fuera, sea el adecuado.
3. Problemas derivados de la alimentación. La comida no son solo los alimentos y su composición. En torno a la comida existen muchos factores y condicionantes que hacen que nos alimentemos de una forma u otra. Estos factores abarcan la publicidad, el nivel socioeconómico, los hábitos adquiridos, las relaciones interpersonales y la relación con uno mismo.
La publicidad. Es innegable el efecto que tiene sobre nosotros y la capacidad de atracción sobre grandes y pequeños. Como vimos en el bloque anterior, en torno a la alimentación existen muchos mitos y muchos de ellos son generados por intereses de las distintas empresas. A los adultos nos intentan embaucar con fórmulas como "lo más saludable", "rico en proteínas, lactobacilos y Omega-3", "cardio protector", "para la memoria", "light", etc. A los adolescentes les ofrecen tamaños XXL, texturas cremosas o atrevidas, colores agresivos y un aspecto "cool y moderno". A los pequeños los engatusan con chocolate y sabores dulces presentados por sus dibujos preferidos y que además vienen con regalos. Y nos dejamos seducir... A sabiendas de que tampoco son tan sanos, de que más tamaño no significa mejor, y de que los regalos tampoco son tan "chulis" como esperábamos.
Nivel socioeconómico. Tanto el nivel cultural como ecónomico de las familias influye rotundamente en la calidad de la alimentación de los niños. A veces, con toda esa publicidad y la opulencia en la que vivimos, se nos olvida que también en el primer mundo hay personas que pasan hambre, niños que solo hacen una comida al día, y familias enteras que tienen que escoger entre comprar comida o medicamentos. Cuando no hay dinero se escogen los productos más económicos y éstos por lo general no son los más beneficiosos para la salud. Cuando la cultura escasea también se tiende a comer peor (por la falta de información) y a dejarse llevar por los anuncios. Es en estos casos cuando más importa que haya un buen servicio de comedor y de "desayunos saludables" en los colegios, y que desde las aulas se trabajen todos estos contenidos.
Hábitos adquiridos. En la actualidad el ritmo de vida ha aumentado considerablemente; somos pluriempleados o hacemos jornadas maratonianas en el trabajo, los niños coleccionan actividades extraescolares, el tiempo de descanso y de pasar la familia unida cada vez es menor. Esto hace que el tiempo que dedicamos a la cocina sea mínimo, lo que conlleva muchas consecuencias: no hay horarios de comida, tendemos a abusar de los precocinados, las comidas son muy poco elaboradas, la familia come separada y muchas veces de tupper. A estas velocidades poco tiempo queda para cocinar con los pequeños y que lo encuentren una actividad divertida, a sentarnos en familia y charlar sobre nuestro día, a saborear cada alimento.
Relaciones interpersonales y relación con uno mismo. El autoconcepto y la autoestima son un factor importantísimo en la forma de alimentarnos y aquí entran en juego diversos trastornos como son la obesidad, la anorexia y la bulimia que pueden ocasionar muchos problemas de salud tanto física como mental: diabetes, problemas en los huesos, problemas cardiacos, ansiedad y rigidez de pensamiento... A esto hay que sumarle la presión social por cumplir unos cánones y la angustia que puede producirnos si no tenemos una buena autoestima. Los niños y adolescentes, que aún están en proceso de madurar y formar su personalidad, son especialmente sensibles e influenciables por lo que desde el colegio o los institutos se deben promover actividades para compensar estas imposiciones que nos llegan a través de todos los medios de comunicación.
4. Alergias e intolerancias. Dentro de los problemas derivados de la alimentación están las alergias e intolerancias a determinados alimentos. Los síntomas y la gravedad de éstos son variados y distintos para cada persona, desde molestias gastrointestinales o reacciones en la piel hasta problemas respiratorios importantes. La única solución a esto es evitar los alimentos que nos sientan mal, aunque a veces esto puede ser misión imposible. Vigilar la composición de cada producto y mantener una buena higiene en la cocina son fundamentales. Por suerte o por desgracia, cada vez son más personas las que tienen alguna alergia o intolerancia, con lo que también la sociedad empieza a estar más concienciada, por ejemplo los supermercados ofrecen productos libres de gluten o lactosa y en los restaurantes incluyen los alérgenos que tiene cada plato. En las escuelas también y cada vez se ven más menús adaptados para cada niño . A muchos alumnos les podrá sorprender que algunos niños coman diferente (y no solo por intolerancias, también por sus costumbres u origen étnico), con lo que podremos aprovechar para trabajar la tolerancia, el respeto y la empatía hacia los demás.









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